Ardiente,
solitaria, incierta.
Tu ausencia
permanece sentada en el sillón de mi derecha.
La huella de
tus dedos entre los míos, ya está seca y pesa.
Como si llevara
una bolsa de plomo en mis manos.
Tu simpleza tan
inentendible.
Tu eterna
pulsera en la muñeca.
Tu nombre, tu
música, tu voz.
Pasó tanto
tiempo hasta que te volví a encontrar.
Sabio, grande,
preciosamente viejo.
Conservabas la
tristeza de tu mirada y llevabas la espalda derecha y la mochila bien cargada.
Te miré con los
ojos de mi alma, intentando saber si la soledad te acompañaba.
O era otra, una
chica, una guitarra, otro amor. Y no logré ver nada.
Tus ojos verdes
y húmedos como el musgo que indica el norte,
Como el más
profundo de los bosques, regado con agua de mar,
Se ennegrecían
a cada paso,
Devastados,
tristes y enojados.
No hay dolor
que se compare a tu partida.
Pero
encontrarte de nuevo, tan fuerte, tan ajeno y tan lejos…
Oh, un último
suspiro te dedico, mi amor.
Un suspiro
atormentado, delicadamente preparado y afinado para cuando llegara la hora del
final.
Y llegó.
Un error, un
malentendido.
Como la timidez es un camino lento que nos
condena a la soledad.
Eras un
completo desconocido y un viejo amigo a la vez.
Hablar por
educación, por amor al arte de ser humanos, de ser tú y yo un rato más.
Pierdo toda mi
dignidad en un hola y bajo la cabeza,
Pateo un par de hojas y me enfrento a un otoño
más sin ti,
A un paisaje sin tu color, a una vida que no
podré conocer, a un cielo que no podré tocar jamás.
Tu ritmo, tu
calidez, el sonido de tu corazón, me devuelve de un golpe a la vida.
Volteo a gustar
un sabor olvidado,
El de mi nombre
pronunciado con tus labios.
Un saludo, una
charla general.
Y al final una despedida, y otra más.
Y pienso en
tantos años por venir,
En atardeceres caminando de la mano bajo la
lluvia,
En amaneceres entre las sábanas arrugadas,
apegadas a nuestras figuras,
En los dedos
entrelazados,
En los besos
olvidados, endeudados y robados.
Creo que me
había olvidado que un “¿Cómo andas?
Se responde con
un “bien ¿y vos?”.
Mi silencio te
hizo reír una vez más, pero no dijiste nada.
Y cuando recordé donde estaba parada,
Volví a
escabullirme en tu mirada,
Y golpeé las puertas negras de tus pupilas.
Y esta vez, esta vez sí puede verte.
Pensabas lo mismo que yo, después de todos
esos años
El “como si
hubiésemos sido hechos para caminar de la mano”
Y un “vos
descalza y yo de blanco en la arena, capaz que al atardecer. Y todos de blanco también”
Seguían en pie
en tu mente,
Golpeaban con fuerza la reja de la jaula de
tus recuerdos, de tus deseos.
Oh, un último
suspiro te dedicaré, mi amor.
Un silencio final a la memoria de tu soledad.
He vuelto y
esta vez para quedarme.
Y otra escena
se aparece, un par de meses después.
Una manta sobre
la arena, mojada en su borde por las olas que acariciaban la orilla del mar.
Un rasguido
calla a los pájaros que vuelan en lo alto y buscan que pescar,
Tus manos
bailan entre las cuerdas
Y tu pensamiento se aferra a mi cintura
desnuda al sol.
Tu voz rompe
los esquemas de mi pensamiento
Y suspende las
letras que dibujaba mi pluma sobre el papel.
Un beso tierno
en la frente y suena nuestra canción.
Un último
suspiro te dedico, mi amor.
Una última
carta de esperanza para el corazón,
De archivo para
la memoria de una vida infeliz sin decisión.
“si todo es una foto quiero estar, al lado
tuyo quiero estar, al lado tuyo”
Me sigues
inspirando ladrón de letras y de corazones enamorados, inocentes.
Dueño de mi
ira, mi furia y mi dolor.
Con lo que duele decir adiós,
Prefiero pelear
contigo hasta que me quieras,
Prefiero
dejarme vencer por tu olvido,
Prefiero
dejarme caer a los pies de tu espera.
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