Si para recordarte has de ser primero un olvido, un pasado,
entonces bórrate de mi memoria y sé por siempre mi presente, mi eterno arcoíris
del cielo que siempre está en su inmensidad sobre mí, con su sol o su luna,
escondido detrás de unas nubes grises o tenuemente alumbrado por las estrellas.
No te alejes de mi corazón, quédate.
Esa extraña sensación de que el mundo desaparece alrededor y
bajo nuestros pies.
Ese amor que todos notan y no intentamos esconder.
Esa caricia, ese lugar de tus manos en mi piel.
Esos besos, esos roses de los labios por la figura.
Esas risas incontenibles, miradas imposibles de sostener.
Sencillez y pasión.
Escondites, locura, amor.
Cuanto tiempo esperando el respeto de mis silencios, mis
lecturas,
La compañía callada y comprensiva.
Las miradas que se esperan, se cruzan, se chocan, se funden.
Milagroso brillo de las pupilas enamoradas de una figura
intocable.
Contemplación sin fin de la belleza del querer.
Despertar con el roce de tu mano en mi mejilla y abrir los
ojos solo para encontrar tu sonrisa
Despegar la cabeza de la almohada para acercarme y besarte
la frente
Mirarte fuerte para escuchar el primer “buen día” de mi
vida.
“Buen día”… resuenan en mi cabeza ese par de palabras y se
apoderan el corazón.
La adicción había nacido esa mañana y no quería salir jamás.
Un círculo, un vicio,
una elección.
La explosiones de sinceridad en los rostros que se iluminan
en los ojos del otro,
Que buscan desesperadamente saber dónde está su espejo
favorito,
El único capaz de devolver la imagen más fiel de su alma,
Al otro lado de este
mundo,
A la vuelta de la figura desnuda que descansa al lado en la
cama.
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