jueves, 25 de octubre de 2012

El lugar de los mil atardeceres


Puerto Sánchez se va a dormir

La canoa pescadora se deja llevar,
Un murmullo palanquero y un lento matear,
Un gurí descalzo juega con arena, nada más.
Se despierta Puerto Sánchez en mi Paraná.
Jorge Méndez - Puerto Sánchez

El día está un poco nublado, y los rayos del sol son como luces intermitentes en la costa del Paraná. “La fama cuesta” dijo Mary, la vendedora de pescados, y con dos movimientos secos con el cuchillo, la cabeza del pescado sale rodando por la mesada y cayó entre las botas de lluvia embarradas de su ejecutora. Mientras, Marcelo, el pescador, dejaba sobre la mesada dos ganchos llenos de pescados frescos, que todavía incluso, mueven sus branquias.
  La pescadería de Mary Escobué está ubicada en la entrada a Puerto Sánchez. Ella fue la primera mujer en vender pescado palanqueando por la zona, hace más de 30 años. Su local es sólo uno de los tantos que se extienden a lo largo de toda la Calle de los pescadores.
  La rutina de los pescadores es muy sacrificada. Depende más del clima y del río que de su propia voluntad. Algunos han adquirido motores para sus embarcaciones, por lo que pueden llegar más lejos, pero la mayoría en Puerto Sánchez son pescadores de anzuelo, que se levantan cuando asoma el sol, preparan sus herramientas, encarnan los espineles, pescan todo el día y vuelven a sus casas al atardecer, a descargar lo que hayan conseguido, para seguir con la rutina al día siguiente.
  Desde la parte trasera de la pescadería de Mary se observa un paisaje que cualquier pintor querría plasmar en su lienzo. El horizonte se colorea con los tonos más estridentes después de la lluvia de esta mañana. Siguiendo la línea de la costa, en un extremo, la ciudad se levanta amenazante con todos sus edificios trepando el cielo y acechando las barrancas. Al borde del río, el camino de la costanera se ve cargado de deportistas corriendo y algunos materos que se acodan en la baranda a mirar a los que pasan en el río con sus remos. En la otra punta del límite costero, brillan los granitos de arena en la playa del Thompson, cuyos bares y boliches se ven vacíos en esta tarde de frío invernal. El río está bajo, y deja al descubierto el barro arcilloso que le da fondo a nuestro Paraná. Y en medio de una selva de cemento y un abandonado paisaje de varano, Puerto Sánchez se hace un lugar en la orilla y se levanta orgulloso de sus colores, su gente, su trabajo y su fama.
  “¡Así que éste es el famoso Puerto Sánchez!” exclama una mujer que pasa con su hija en el auto a velocidad de paso de hombre, con las cabezas afuera de las ventanillas, como si quisieran atrapar todos los detalles del barrio costero. “¡Qué pintoresco lugar!”, dice la niña fascinada. Para describir este rincón de pescadores no debe haber un calificativo más adecuado. Las casas, con sus típicas construcciones sobre pilares de 2 metros, están pintadas una de cada color, todas brillantes y alegres, describiendo un camino primaveral durante todo el año. Todas las casas están con las ventanas y las puertas abiertas, de frente al sol, que se va poniendo lentamente y garabatea su reflejo en el río, a la vez que colorea de anaranjado las nubes. Es un paisaje digno de ser encuadrado.
  Cuenta divertido Mingo Mato, un vecino pescador, que muchas veces, vienen extranjeros a conocer el famoso Puerto Sánchez de la canción de Jorge Méndez, pero él se pregunta qué será lo que esperan encontrar, porque “el famoso Puerto Sánchez” es sólo este barrio, lleno de pescadores y de gente trabajadora. Para ellos es mucho más que una canción, mucho más un barrio perdido en la costa del Paraná. Puerto Sánchez es un estilo de vida.
  Tiempo atrás, a este tramo costero le llamaban El rincón de los pescadores. Hasta que un buen día, un extranjero construyó su ranchada en un cabo de la costa. Desde ese día, muchos pescadores llegaban, amarraban sus canoas y se quedaban a recuperar fuerzas en “lo de don Sánchez”, que les ofrecía abrigo y hospedaje. De a poco fueron construyendo sus propias casas un tanto precarias y perdidas entre las barrancas, y así se fue formando Puerto Sánchez.
  Pero uno de sus toques más pintorescos es el arcoíris de colores que forman las casas, y esto el Puerto se lo debe al programa Hermosear a Puerto Sánchez que se llevó a cabo en 2008 de la mano de la Secretaria de Gobierno Rosario Romero que impulsó este proyecto de recuperación integral del lugar. La única condición era que cada vecino debía elegir un color distinto de pintura y de esta forma resultaron las alegres fachadas.
   Desde principios de este año, se ha puesto en marcha un proyecto, para unificar, mediante un único camino, el Puerto Nuevo con el Thompson, pasando por Puerto Sánchez. A algunos vecinos les preocupa que eso vaya a afectarles en su modo de vida, temen que vaya a romper la paz de la que disfrutan, que lo niños no puedan ya jugar tranquilos en la calle, pero aceptan con alegría el hecho de que traerá más movimiento a los negocios y mejorará probablemente su calidad de vida.
  Un grupo de niños pasa corriendo por la calle detrás de una pelota, otras niñas saltan la cuerda y un par de niños están sentados en las escaleras de sus casas aguardando, mientras juegan, la llegada de sus padres en las canoas, ansiosos de poder ayudar.
  Desde una esquina, cerca de la gruta de María Reina Inmaculada en el final de la calle, se escucha el chapoteo de las botas de los pescadores que amarran sus canoas y vuelven a sus casas.
  Como canta Linares Cardoso en su Canción de cuna costera: “La risa juega y el canto parece que viene y va, en eco dulce se pierde por el río Paraná”. El sol ya se esconde detrás de la Isla Puente. Las madres llaman a sus hijos para que vuelvan a las casas. Se van prendiendo las estrellas como chispas en el cielo. Las luces de los faroles se encienden de a poco, para dar un  tenue resplandor sobre la costa. Puerto Sánchez ya se va a dormir.  

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